domingo, 7 de enero de 2018

Los submarinos


LOS SUBMARINOS

Por: Maximino Gómez A.

El submarino, esa importante máquina de tanta utilidad científica o temible arma de combate, tuvo un antecedente lejano en el tiempo; el hombre siempre experimento curiosidad por la idea de poder navegar como un pez bajo la superficie del agua. La primera referencia nos viene de la época del sabio Arquimedes, quien diseñó una campana en posición invertida que al sumergirse en el agua, atrapa en su interior un volumen proporcional a su capacidad. También, según la tradición, Alejandro Magno se interesó por la vida submarina y ordenó a sus seguidores la construcción de una suerte de barril  con cristales en su superficie para poder observar a las criatura marinas  como se movían en su medio acuático, probablemente  el primer dispositivo conque  un hombre se introdujo en el agua, pero sin posibilidad de desplazamiento. Uno de los antecedentes del submarino actual de que se tiene noticias era una nave cosaca, denominada “chaika” (gaviota) que era utilizada en misiones de reconocimiento e infiltración; esta dispositivo podía ser cerrado y sumergido de forma que sus tripulantes podían respirar como en una campana submarina logrando su desplazamiento caminando sus ocupante por el suelo del río, utilizándose en algunos casos lastres especiales para mantenerla sumergida y un sistema de tubos para tomar aire del exterior.
La dificultad de hundirse y emerger en el agua, ya lo había solucionado William Bourne en un diseño de 1580; su sumergible estaba provisto de unas bolsas que como fuelles podían inflarse y desinflarse de aire para así disminuir o aumentar el volumen de la nave, a la que además le dio forma de un puro, que resultó ser la más acertada al permitir que la presión se reparta de modo equilibrado en toda la nave permitiendo una mejor movilidad bajo el agua.
Pero en realidad, el primer sumergible del que se tiene información objetiva, fue el construido por el holandés Cornelius Jacobszoon Drebbel  en 1620, quien estaba al servicio del rey Jaime I de Inglaterra; este ingenio estaba propulsado por remos y aunque no se posee información sobre su diseño, algunos sugieren que la constituía una campana que era remolcada por una embarcación de superficie. El invento de Drebbel fue probado en dos versiones mejoradas en el río Támesis entre los años 1620 y 1624. Aún y cuando estos primeros intentos de construir naves sumergibles perseguían una finalidad de constituir medios de exploración, a los diseñadores de tales dispositivos no les fueron ajenos su posible potencial como armas; así, las ventajas estratégicas de los submarinos ya fueron  en 1648 por el obispo John Wilkins de Chester.
 El “Turtle” fue el primer submarino militar monoplaza con un desplazamiento de 900Kg., diseñado por el militar estadounidense David Bushnel en 1776; siendo el primero de su clase con capacidad operacional acuática y movimiento independiente; siendo el primero también en propulsión por hélice, que poseía ventanillas  de cierra hermético.   .
Un salto importante en la construcción de submarinos, lo constituyó el submarino diseñado por el español y teniente de Navío Isaac Peral construido en 1885 propulsado por energía eléctrica; su concepto original era la de un torpedero sumergible para la defensa costera. Después de autorizarse su construcción por el real Decreto de 4 de octubre de 1886, se concedió un crédito de 25.000 pesetas.  Con forma de huso, poseía un casco de acero con tres tanques de trimado que se achicaban por medios de bombas y se desplazaba con la utilización de dos hélices de eje horizontal accionadas eléctricamente en tanto que alcanzaba una cota de inmersión de 30 metros y fue el primero en poseer un tubo lanzatorpedos en proa, algo que no se repetiría hasta la aparición de los submarinos norteamericanos de la clase  Holland en la 1ra. Guerra Mundial.
Con el estallido de la Gran Guerra en 1914, las potencia beligerantes al principio parecían brindar poca importancia a la nueva arma submarina aún sin probar; este criterio no demoraría en cambiar drásticamente. El submarino fue utilizado en principios sólo en la defensa costera y exploración,  pero pronto su capacidad de sigilo e imposibilidad de ser detectado fue cobrando importancia a medida que avanzaba la guerra, pasando a ser una de las principales armas utilizadas en este conflicto. Alemania la utilizaría en el ataque al tráfico comercial, logrando infringir enormes pérdidas a sus enemigos. En 1915, Alemania proyectó la construcción de un submarino con capacidad de carga y gran autonomía destinado como carguero para burlar el bloqueo inglés, pero pronto estos submarinos comerciales fueron dotados de armamento.

Al estallar la guerra, las principales potencias beligerantes poseían submarinos militares, Gran Bretaña a la cabeza con 54, de los cuales 17 tenían capacidad oceánica,; Francia disponía de  35,; Rusia de 15; Italia de 11 y Japón y Austria, 4 cada uno; sin embargo los mejores submarinos los poseía Alemania que contaba con 28 unidades con capacidad oceánica, 14 de los cuales eran propulsados por motores diessel, además de ser los únicos en el mundo con comunicación telegráfica. A medida que transcurría el conflicto, los alemanes perfeccionaron sus submarinos; a partir del U-40 sus capacidades se incrementaron, desplazaban 650 toneladas, llevaban 9 torpedos, alcanzaban los 12 nudo y podían sumergirse a profundidades de 70 metros. Alemania a lo largo del conflicto incrementó la construcción de este tipo de embarcaciones alcanzando la cifra de 200 y en el momento del armisticio, otros 228 estaban en construcción, los que fueron desmantelados. La Primera Guerra Mundial funcionó como un polígono de prueba para esta eficaz arma, que durante la segunda guerra mundial volvió a demostrar su importancia y durante la Guerra Fría adquirió una nueva dimensión como arma estratégica; lo que analizaremos en nuestro próximo artículo.