domingo, 7 de enero de 2018

La Inmersión


LA INMERSIÓN (antecedentes)

Por Maximino Gómez Alvarez

Se sabe que la inmersión es una práctica que data de la antigüedad; el pueblo griego antiguo, como otros pueblos marineros contemporáneos suyos en el Mediterráneo, hacían uso de submarinistas en las recuperaciones marítimas, también en algunos episodios bélicos como el asedio a Siracusa (año V a.c) donde fueron empleados submarinistas con el objeto de practicar la demolición de los obstáculos que los habitantes de la ciudad había colocado en el fondo marino para impedir la entrada de las embarcaciones  griegas a puerto. De antaño, los submarinistas también fueron utilizados con el fin de recuperar tesoros hundidos; los antiguos códigos marítimos conocidos como Ley de Rodas del Mediterráneo regulaban las recompensas de que eran objeto los trabajos de los submarinistas basados en la profundidad que estos alcanzaran en la realización de la labor de búsqueda. Muchos otros pueblos de distintas latitudes, empleaban así mismo la práctica del submarinismo con diferentes fines, los más comunes, la recolección de esponjas y la obtención de perlas.
Los primeros equipos de inmersión fabricados por el hombre de que se tenga noticia, consistía en conectar el individuo a la superficie con la utilización de un tubo que en su extremo libre estaba unido a un flotador. Aristóteles (S. IV a.c.) ya hablaba de un dispositivo muy similar a la denominada campana de buzo; Flavio Vigecio (S. V d.c.) describe en su obra Epitome Institutionem Rei Militaris a un submarinista que realiza labores subacuáticas con la utilización de un casco unido a la superficie con un tubo respirador; es conocido que el sabio y humanista Leonardo Da Vinci realizó estudios sobre inmersión e ideo una suerte de escafandra. No obstante, fue el matemático, médico y astrónomo italiano Giovanni Alfonso Borelli, quien describió en su obra los detalles de un dispositivo respirados compuesto de un par de fuelles para suministrar aire a submarinistas; esto no sólo permitió al hombre permanecer más tiempo bajo la superficie marina, si no, que además permitió, alcanzar mayores profundidades de inmersión con la técnica de suministro de aire que se conoce como “inmersión alimentada desde superficie”. Un elemento que supuso un avance en los métodos de inmersión, lo constituyó el invento realizado en el siglo XVIII  por el  británico John Lethbrige, consistente en un barril de cuero totalmente estanco que alojaba el torso y la cabeza del submarinista, cuya visibilidad resultaba posible con la colocación de un visor; otro aditamentos presentes en este ingenio lo constituían unos protectores de los brazos que facilitaban los movimientos del buzo.
Grabado de época donde se reproduce aspectos de la Campana de Halley
A principios del siglo XVIII el astrónomo Sir Edmunds Halley publicó los detalles de la conocida como fabricación de la campana de buzo, junto con un casco y un dispositivo para suministrar aire desde un barril estanco de madera que permanecía en la superficie, lo que permitía al submarinista ampliar el tiempo de permanencia bajo el agua; Roger Bacon había sugerido una idea parecida en el siglo XIII y Francis Bacon en siglo XVII había comentado en su obra Novum Organum la creación de una campana con cierto parecido; una campana de buzo había sido diseñada también por  John Trasnier. Otro mecanismo de buceo  constituyó la denominada Campana de Halley, mucho más perfeccionadas que sus antecesoras; esta era de madera recubierta de plomo con la intención de proporcionarle peso y estabilidad; su diámetro era de 1,4 m en la base abierta y 0,9 m en la parte superior con una altura de 2,7 m, lo cual permitía la compresión del aire encerrado en su interior mientras se bajaba la campana; poseía un cristal en la parte superior que proporcionaba luz y una bomba manual para expeler el aire viciado, constituyendo el suministro de aire el aspecto más significativo; un barril cubierto de plomo con aberturas en la zona superior e inferior se sumergía en el agua y quedaba al alcance de los ocupantes de la campana, en tanto, que un tubo de cuero lastrado corría desde la abertura superior a la interior de la campana  del buzo que era sostenido por uno de los submarinistas, gracias al lastre que colgaba por debajo del nivel del agujero inferior permitía retener el aire dentro del barril. Para llenar de aire la campana, era suficiente con levantar el tubo lastrado de modo que la presión del aire actuará sobre el aire contenido en el barril, a través del agujero inferior hacia el resto.
Con el paso de los siglos se fueron perfeccionando los equipos que permitían
una permanencia más larga del submarinista bajo la superficie del mar.
Con el empleo combinado de dos barriles, el buzo podía permanecer por tiempo indefinido en el fondo. Otro invento mucho más sencillo era una bomba en superficie que se encargaba de rellenar aire a presión en la campana con el fin de que el agua lo empujara hacia abajo, hasta el mismo borde de la campana. Tuvieron, sin embargo, que transcurrir años para que  John Smeaton  introdujera esta sencilla invención, que en realidad tenía forma rectangular. En general, la campana del buzo funcionaba, pero sólo permitía la labor del submarinista en un solo punto de la inmersión. En 1797, cuando el inventor alemán Kliengert presentó el diseño  de su escafandra, esta presentaba caracterices muy avanzadas, entre ellas, el sistema separado para la expulsión del aire viciado, pero este obligaba al buzo a respirar por un tubo unido a un flotador en superficie. Todas estas escafandras constituyen el antecedente del mecanismo creado por el alemán  Augustus Siebes,  considerado el precursor de la escafandra, que en 1891 creaba la llamada “escafandra abierta” y años más tarde, el perfeccionamiento de la escafandra cerrada.

Hoy los dispositivos de inmersión han sido desarrollados y perfeccionados a grados insospechados, pero de esos avances tecnológicos en el campo del buceo, hablaremos en otro artículo.