lunes, 2 de septiembre de 2013

U-BOATS EN EL MAR CARIBE





APUNTES PARA LA HISTORIA DE LA BATALLA DEL CARIBE




Por  Maximino Gómez Álvarez   (Historiador y asesor del International Maritime Foundation)



Desde el mismo comienzo de la 2ª Guerra Mundial el objetivo fundamental de la flota submarina alemana estaba encaminado al hundimiento de cargueros que podían conducir los suministros vitales que permitiera a los países aliados enfrentar con éxito a la Alemania nazi.
Con el ataque a la Base norteamericana de Pearl Harbor por la marina y aviación japonesa se precipitó la entrada de los Estados Unidos en el conflicto; fue entonces que la guerra submarina se incrementó sustancialmente  y el teatro de operaciones sería trasladado desde el Atlántico a la zona del Caribe y Golfo de Méjico, era el preludio de lo que se conoce como la Batalla del Caribe. 

7 de diciembre de 1941 The Day of Infamy (Día de la Infamia), ataque a la Base norteamericana de Pearl Harbor

Los esfuerzos continuados de los alemanes en su táctica de asfixia económica, le fueron reportando grandes victorias; la situación en febrero de 1942 empeoró sustancialmente para los Aliados, de los 82 buques hundidos en ese periodo que suponían la pérdida por más de 470.000 toneladas, el 90% ocurriría en zonas señaladas como estratégicas por el mando norteamericano, en especial en Estrecho de la Florida y Mar Caribe, donde el hundimiento de tanqueros que conducían combustible y mercantes que transportaban materiales estratégicos como la bauxita aumentaron de forma espectacular; una muestra de ello fue el incremento de la operaciones en el golfo de Venezuela y en la proximidades de Aruba, donde en un solo día, el 16 de febrero de 1942, fueron hundidos cinco tanqueros y otro fue seriamente dañado. 

 Desde el primer momento, las perdidas de buques en el Mar Caribe y Golfo de Méjico adquiririeron proporciones escalofriantes.

Durante el mes de marzo de ese mismo año, la flota de submarinos continúo desarrollando la misma táctica, pero obteniendo aún mayores victorias; ese mes fueron enviados al fondo del mar 95 buques, lo que significaba la pérdida de 530.000 toneladas brutas.  Para  abril se produciría un ampliación de la guerra hacía la costa de Brasil donde se produjo la pérdida de tres mercantes de esa nación, probablemente por la acción de submarinos italianos. Para el mes de mayo, ya Estado Unidos había comenzado a convoyar gran cantidad de embarcaciones en la costa Este de ese país, lo que produjo una reducción de entre 20.000 y 23.000 toneladas menos hundidas por el enemigo, algo que comenzó a resultar alentador. Los submarinos adoptaron la táctica de centrar sus hundimientos, en la desembocadura del río Mississippi, Canal de Yucatán y aguas de Cuba, zonas estás que permanecían aún desprotegidas, de modo que en tanto se producía una reducción de hundimientos en unas áreas, el incremento en otras, no permitió que la balanza se inclinara a favor de los aliados. De las perdidas mundiales  cifradas en 124 barcos hundidos y 604.000 toneladas de perdidas, 116 hundimientos que representaban unas 570.000 toneladas de perdidas, tuvieron lugar en el Caribe y Golfo de Méjico.


La Flota de U-boats concentraron sus ataque en el Caribe en los años 1942-1943.

Para junio de 1942 se redujo el número de ataques exitosos de los u-boats, dado principalmente por el reforzamiento naval y aéreo de forma prioritaria en esa zona. Al mes siguiente, julio las fuerzas que debían responder a la ofensiva alemana al fin fueron incrementadas; si en el mes de abril se disponía de 68 destructores y 350 aviones, en julio estas fuerza experimentarían un aumento, alcanzando las cifras de  134 destructores y caza submarinos, así como disponiendo de 580 aviones para lucha antisubmarina, lo que produjo una disminución, aunque discreta de hundimientos. No obstante, la mayor parte de las perdidas continuaban teniendo lugar en el Mar Caribe, Estrecho de Yucatán y Paso de los Vientos en Cuba. La referida zona del Paso de los Vientos, al oeste de Cuba, fue especialmente castigada por la acciones de los u-boats, produciéndose en unos pocos días el hundimiento de 14 buques que integraban convoyes que cubrían la travesía desde  Trinidad a Key West y entre Panamá y Guantánamo. En ese mismo periodo se llevarían a cabo el hundimiento de siete mercantes brasileños, lo que precipito la entrada de ese país en el conflicto bélico.

 Las constantes perdidas amenazaban los suministros escenciales de los Aliados.

En el mes septiembre, las perdidas en la zona de operaciones del Mar Caribe, aún continuaban siendo altas, alcanzando los 27 barcos y unas 130,000 toneladas brutas y aunque estas pérdidas eran considerablemente más pequeñas que las registradas en agosto, eran consideradas de alto nivel.
En la medida que los servicios de inteligencia alemanes iban detectando la actividad de las fuerza Aliadas en las distintas zonas, así como las tácticas que introducían, la flota de submarinos iban cambiando constantemente de táctica agresiva, adaptándose en cada momento a las situaciones presentadas. Las informaciones suministradas por las redes de espionaje establecidas en el continente americano facilitaban el trabajo a la flota de submarinos, toda vez que brindaba la posibilidad de escoger lugares, horas y zonas de menos riesgos para efectuar sus ataques. La carencia aún por parte de las fuerzas Aliadas de suficientes unidades de superficie con capacidad antisubmarina y de aviones para este mismo fin, no permitía una operación eficaz de escolta más allá de ciertas áreas, lo que al ser conocido por la inteligencia alemana era aprovechado por las fuerzas submarinas de Döenitz.
Los Aliados conocedores de estos elementos que entorpecían su tarea de limpiar las aguas de la presencia de u-boats, llevaron a cabo dentro de las posibilidades de entonces, de un colosal esfuerzo para incrementar sus fuerzas antisubmarinas. Los aviones disponibles entonces en áreas tan importantes estratégicamente como Trinidad lo conformaban fundamentalmente el Escuadrón 53 Hudson de la RAF Británica, las que fueron utilizadas a máximo rendimiento, en muchas ocasiones con refuerzos de naves de otras enclaves, incluyendo el Grupo “Killer” del Ejército de Estados Unidos, que lo componían fundamentalmente bombarderos B-18. Estas fuerzas realizaban constantes barridos en la zona de tránsito de convoyes o buques aislados, logrando como resultado de un trabajo coordinado, llevar a cabo el hundimiento de un submarino y daños considerables a otro, esto, podía ser considerado como un resultado insignificante, pero realmente no lo era, la destrucción de un u-boat o a la anulación de su capacidad de combate, suponía un enorme respiro y alejaba la posibilidad de incremento de los ya descomunales perdidas sufridas. 

 La actuación de la aviación y las contramedidas puestas en práctica contribuyeron en gran medida a cambiar el curso de la Batalla del Caribe.

Como se ha comentado, en el mes de septiembre de 1942 se produjo una disminución de la presencia de los submarinos operando en la zona, a ello contribuyó también en gran medida la formación de convoyes organizados y con escolta apropiada, la construcción acelerada de nuevos mercante (los famosos Liberty), así como con el continuo patrullaje y la introducción sistemática de nuevas tácticas y equipamiento de detección submarina. No obstante, el mantenimiento de frentes en el Atlántico Norte y en el Pacífico, no permitía la optimización de estas eficaces prácticas, por lo que se optó por el reforzamiento de la labor de escolta y patrullaje con las Armadas de otras naciones latinoamericanas como Brasil, Cuba, Méjico etc.
Para alcanzar cierto nivel de proporción y economizar las fuerzas disponibles, 24 buques antisubmarinos británicos fueron asignados a la custodia de la costa Este de Estados Unidos y diez corbetas de ese país fueron igualmente entregadas a la armada estadounidense. Se llevó a cabo la refundición del sistema trasatlántico de escolta con la inclusión de las fuerzas antisubmarinas de la Royal Navy, la Canadian Navy y la Marina estadounidense, creándose así un solo sistema coordinado de convoyes.  Estas tácticas proporcionaban a los Estados Unidos de un tiempo necesario para poder cumplimentar la construcción de más destructores que a medida que se iban integrando a las fuerzas ya establecidas, daba la posibilidad de ampliar su capacidad de protección. La formación de convoyes costeros aumentó, al tiempo que se reforzaron entre Norfolk, Virginia, Key West y Florida, permitiendo que Gran Bretaña desviara fuerzas suficientes al Caribe, dando lugar a la organización de otros  nuevos grupos de convoyes, principalmente para las rutas de los tanqueros, en especial entre Trinidad y Halifax , y entre  Aruba-Curazao-Trinidad. El sistema de convoyes se ampliaría también a los que cubrían las rutas entre Trinidad y Key West a través de Curazao y Aruba, así como los que cumplían la ruta entre Panamá y Guantánamo en Cuba; además, se implementaron algunas líneas de tránsito para conectarlos con el resto de convoyes que se fueron estableciendo en el Golfo de México y el Golfo de St. Lawrence. 

 El sistema único de convoyes supuso un avance táctico en el enfrentamiento a los u-boats.

 Con la introducción de modernos medio la balanza se fue inclinando a favor de los Aliados.

No fue hasta el mes de agosto de 1942, que en la zona del mar Caribe se pudo alcanzar un nivel aceptable de resultados en los ataques contra los submarinos y al mismo tiempo cierta reducción de la eficacia en sus incursiones; para septiembre el Mando Alemán inició una reducción discreta de la presencia de sus u-boats en dichas aguas; estas retiradas de las aéreas del Caribe, Brasil y Freetown no parecen estar relacionadas esencialmente con la respuesta de los Aliados, sino más bien por la impronta de tener que cubrir importantes aéreas de operaciones en el Atlántico, para lo cual no disponían de la cantidad suficiente de unidades, lo que sin dudas constituyó un enorme alivio en el frente caribeño. Sin embargo, por los informe de la época, se deduce que esta a dispersión fue interpretada por los Aliados  entonces, como el inició de un repliegue y derrota del arma submarina. A pesar de lo apuntado, las acciones los u-boats en la zona del Caribe y Golfo de Méjico continuaron, eso sí, ya no con la impunidad con la que lo venían haciendo; ahora, muchas veces el hundimiento de un mercante les suponía pagar un altísimo precio, bien por la desaparición de la nave producto de su enfrentamiento con la escolta o por el ataque de aviones de patrulla o en el mejor de los casos sufrían daños de consideración que les obligaban a abandonar la zona de operaciones y retornar a su base para ser sometidos a reparaciones, que en muchas ocasiones podían tardar semanas.
Para 1943, como se conoce, la Batalla de Caribe experimentó una reducción importante de enfrentamientos con respecto al año anterior, muchas naciones del área caribeña y con el apoyo de los Estados Unidos y Gran Bretaña, se mostraban autosuficientes en el patrullaje de sus propias costas y actuaban como un elemento disuasorio para mantener alejados de sus costas a los submarinos, los mismos que algunos meses atrás se aventuraban a aproximarse a las playas de algunas de estas naciones a una distancia de “tiro de pìedra”. 

 Los Hedgehog se convirtieron en la pesadilla de los u-boats.

Otro elemento, quizás el menos comentado, fue la batalla paralela que se llevó a cabo en ambos bandos, por alcanzar los niveles tecnológicos y los medios para contrarrestar la eficacia del contrario y sin dudas, este fue uno de los factores que jugaría un papel decisivo en el desenlace de esta lucha. La instalación  en las naves aliadas de radares de 10 cm (SG y Tipo 271) demostró su eficiencia en la labor de detección y obligó a los submarinos alemanes  por un periodo de tiempo a la suspensión de sus tácticas de ataque nocturnos en superficie, y realizar dichos ataques a la luz del día sumergidos. Los u-boats, entre tanto, introdujeron un  nuevo dispositivo, la  burbuja Target [SBT] o "Pillenwerfer", especie de tabletas liberadas por el submarino al ser atacados por naves de superficie; las burbujas formadas por unas pastillas solubles en el agua producía objetivos falsos para el sonar, que  pretendían  conducir a que las naves de superficie lanzaran sus cargas fuera del radio de la posición real del u-boat; no obstante, estos dispositivos fueron de dudosa eficacia y por el contrario los aliados, a principios de 1942, completaron el desarrollo de los  Hedgehog (erizos), cargándolos con explosivos Torpex,  1,7 veces más potente que el TNT; también en esa época los Estados Unidos pusieron en práctica el proyecto “Ratonera”, que disparaba una serie de pequeñas cargas con espoletas de contacto y que resultaban ideales para pequeños caza submarinos. Otros estudios que se desarrollaron y que fueron aplicándose a las tácticas de los convoyes por los aliados, eran los relativos a la velocidad de los convoyes. Este estudio indicó que la seguridad de los buques independientes, dependía en gran medida de la velocidad que mantenía la nave, arribándose a la conclusión de que un buque a velocidad de 12 nudos tenía alrededor de tres veces más la probabilidad de ser hundido, que un barco que los hiciera a 14 nudos. La explicación de esto está en que el submarino no puede, en general, seguir un barco a 14 nudos o más para cualquier longitud de tiempo y si no se encuentra en una posición adecuada para hacer un ataque sumergido de forma inmediata, el barco se le escapará. El submarino puede seguir a un barco más lento en la superficie, a una distancia adecuada de trabajo y luego volver a una posición de ataque nocturno desde superficie. Este estudio también demostró, que los convoyes manteniendo una velocidad de 9 nudos resultaban más difíciles de atacar con eficacia, que los que mantenían una velocidad de 7 nudos cuando disponían de escolta.
La táctica asumida por la flota de u-boats de máxima inmersión durante el día, fue otro elemento que ejerció una gran presión para el desarrollo por parte de los aliados de equipos y tácticas que permitieran la realización de una adecuada ofensiva aérea durante la noche; un esfuerzo considerable se dedicó al desarrollo y producción de reflectores y luces de bengala que mejoraron la baja eficacia  que presentaban los ataques nocturnos; el primer ataque registrado a un submarino por un avión equipado con un plano reflector, tuvo lugar en diciembre de 1943 por un PBM  norteamericano cerca de de Trinidad. Como los ataque nocturnos de los u-boats se hicieron frecuentes, los escuadrones aéreos comenzaron a ser entrenados, haciendo gran hincapié en las operaciones nocturnas.

 La instalación de reflectores en los aviones de lucha anti submarina supuso un avance.
La utilización cada vez más numerosa de la aviación antisubmarina llevo a los técnicos alemanes a efectuar algunos cambios en los u-boats, lo que implicó la sustitución de la antiaérea cuádruple de 20 mm, por un cañón antiaéreo de tiro rápido de 37mm.

 Ante el incremento del ataque a u-boats con medios aereos, el mando Alemán intriodujo nuevos armamentos.

Los submarinos en esa época, ya habían comenzado a introducir torpedos equipados con FAT para uso contra convoyes; pero quizás el cambio más importante entonces en el arma submarina, lo constituyó la introducción del T-5, un torpedo de 21 pulgadas accionado eléctricamente; la velocidad del torpedo T-5 era de unos 25 nudos y su alcance de unos 6000 metros; los aliados introdujeron inmediatamente contramedidas para estos torpedos acústicos. El FOXER doble británico, nació tres meses antes de que se produjera el primer ataque con un torpedo acústico y un grupo de escolta completo fue equipado entonces con FOXERS, sólo 17 días después del primer ataque con torpedos acústicos.  Muchos buques norteamericanos fueron equipados de inmediato con los FXR, una versión estadounidense del FOXER, pero con algunas diferencias.

 Los u-boats continuaron ocasionando enormes perdidas, pero sin la impunidad del comienzo de sus operaciones.


 Los ataque aereos fueron otras de las pesadillas de los u-boats del Almirante Döenitz.

Como se ha podido ver en estos primeros tiempos de enfrentamiento a los u-boats, la batalla se libró tanto en la zona de combate, como en los laboratorios y fábricas de armamentos, así como en los salones donde se reunían los Comandantes supremos para elaborar las estrategias y tácticas de lucha.
Las aguas del Caribe sirvieron de escenario a una de las más importantes batallas que tuvieron lugar para alcanzar el triunfo Aliado sobre la Alemania de Hitler y también se convirtió en un singular polígono de pruebas para el desarrollo del armamento naval y aéreo.