jueves, 12 de septiembre de 2013

U-BOATS EN EL MAR CARIBE



TESTIMONIO DE UN SOBREVIVIENTE DEL RICHMOND CASTLE


Varios son los visitantes de nuestro  Blog, que nos han escrito desde Cuba, Argentina y Estados Unidos fundamentalmente, interesados en conocer el texto integro de la carta dirigida por un sobrevivientes del buque “Richmond Castle”, al periódico inglés “The Telegraph”, que mencionamos en nuestro artículo “Comandantes de U-boats: ¿Monstruos?,  ¿Mito o Realidad?”. Por el interés que ha despertado, ofrecemos a continuación copia del texto integro en inglés y su traducción al castellano.

 Richmond Castle hundido en aguas del Atlántico por el U-176.


The Telegraph
Murderous intent
J. D. Cutcliffe, Bideford, Devon
12:01AM BST 08 Apr 2004
 
Sir — I was horrified to read that the gunnery officer on the submarine Lt-Cdr Albert-George Davies commanded had shot a survivor from a torpedoed Japanese vessel because he had made a "rude gesture" (Obituaries, Apr 2).
I can think of few more horrific, ignominious or sordid intentions than that of Lt-Cdr Davies, who decided to kill all remaining survivors in case there might be later reprisals, and was only prevented from carrying out his plans because of an attack from the air. To shoot a defenceless enemy under such circumstances would have amounted to murder.
Have I a right to be critical of him? I think that I have. I must be one of the few remaining seafarers to have had the dubious privilege of looking up the barrels of an enemy’s armament from a cold sea.
At about midday on August 4, 1942, I was one of some 62 surviving crew clustered together in and around three ships’ lifeboats, one of which was overturned, about 750 miles to the east of Newfoundland. We had just watched our torpedoed ship, Richmond Castle, which had been homeward bound with a cargo of Argentine meat, slide stern-first beneath the Atlantic.
Coming up alongside us was a brand new U-176 under the command of Lt-Cdr Reiner Dierksen. Rumours abounded then that survivors were being shot up by German submariners, and we could see that not only were all the sub’s main armaments manned, but several crew members were also carrying sub-machine guns. We watched its approach with some apprehension.
But Dierksen shouted for the boats to close in on him. He asked if there were any injured and passed over field dressings. Tinned butter, biscuits and other foodstuffs were passed down to the boats, and we were given the course and distance to the nearest land. Dierksen said that he would try to send out an SOS message for us, and wished us "Cheerio, goodbye and good luck" before proceeding on his way.
After nine stormy days trying to sail towards Ireland with an oar as a mast and a square sail made up of two blankets sewn together, our boat was picked up by HMS Snowflake. The crew of the corvette treated us with the utmost kindness and care.
All 18 of us in that boat survived the ordeal, although for several of us it had been a close-run thing. In the two other boats, which were picked up prior to our rescue, 12 men died, most from hypothermia: not one from a German bullet fired in cold blood.
U-176 was sunk in May 1943 off the coast of Florida with the loss of all hands, including Dierksen. The discovery that the compassion he showed was not always matched on our side fills me with anger and remorse.

HMS Richmond Castle hundido en aguas del Atlantico norte el 4 de agosto de 1942.


............................................TRADUCCIÓN......................................................................................



Señor- Me quedé horrorizado al ver que el oficial de artillería de un submarino, el Lt Cdr - Albert George Davies había ordenado disparar a un sobreviviente de un buque japonés torpedeado por haber hecho un " gesto grosero " (Obituario, 02 de abril ) .
Se me ocurren pocas intenciones más horribles, ignominiosas y sórdidas que la del Lt Cdr  Davies, quien decidió matar a todos los supervivientes en caso que pudiera haber más tarde  represalias, y sólo le impidió llevar a cabo sus planes un ataque desde el  aire. Disparar a un enemigo sin defensa en tales circunstancias habría supuesto asesinato.
¿Tengo derecho a ser crítico con él? Creo que lo tengo. Debo ser uno de los pocos marineros que quedan y  que han tenido el dudoso privilegio de ver surgir el barril armado del enemigo en un mar frio.
A eso del mediodía, el 4 de agosto de 1942, yo era uno de los 62 tripulantes sobrevivientes agrupados alrededor de los botes salvavidas de tres naves, una de las cuales fue aniquilada, a unos 750 kilómetros al este de Newfoundland. Habíamos visto nuestro  barco, el Richmond Castle, ser torpedeado cuando conducía  a casa un cargamento de carne argentina, el primero deslizando su popa en el Atlántico.
Surgió junto a nosotros el impecable U- 176 al mando del teniente Cdr Reiner Dierksen.  Los rumores abundaban entonces de que los submarinistas alemanes disparaban a los sobrevivientes  y pudimos ver las armas del submarino y a varios miembros de la tripulación que también portaban metralletas . Esta aproximación la vimos con un poco de aprensión.
Pero Dierksen se dirigió a las embarcaciones llamandolas a gritos para que se acercaran  a él. Me preguntó si había algún herido entre nosotros y nos pasó apósitos de campo, mantequilla enlatada, galletas y otros alimentos de los que se llevan en los barcos, y recibimos el curso y la distancia a que estabamos de la tierra más cercana. Dierksen nos dijo que iba a tratar de enviar un mensaje de emergencia SOS para nosotros, y nos deseó "Cheerio, adiós y buena suerte " antes de seguir su camino.
Después de nueve días de tormenta tratando de navegar hacia Irlanda con un remo como mástil y una vela cuadrada formada por dos mantas cosidas, nuestro barco fue recogido por el HMS Snowflake. La tripulación de la corbeta nos trató con la mayor amabilidad y atención.
Los 18 miembros de nuestro barco sobrevivimos a la prueba, aunque para muchos de nosotros  había sido algo muy difícil. En los otros dos barcos, que fueron recogidos antes de nuestro rescate, 12 hombres murieron, la mayoría de  hipotermia, pero ni uno solo de una bala alemana disparada a sangre fría.
El U-176 fue hundido en mayo de 1943 frente a las costas de la Florida con la pérdida total de su  tripulación, incluyendo  a Dierksen . El descubrimiento de que la compasión que mostró él no siempre la encontramos de nuestro lado, me llena de ira y remordimiento.



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Fuente:

Internet:  http://www.telegraph.co.uk/comment/letters/3604603/Murderous-intent.html





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